
FIESTA MACABRA DE LA IGLESIA
Cristo nos enseñó que Santo sólo es Dios, y que nadie ni nada fuera de Él, el Santo,puede llamarse así. No es, pues, legítimo llamar “santo padre”,a un Papa, ni “santa misa” a un rito, ni santos son los hombres o mujeres que dice la Iglesia ni tampoco una semana del calendario católico. Especialmente esta semana que se apelllida santa se aleja mucho del sentido que se le quiere dar. Justo representa lo contrario.
Para un cristiano, lo mismo que para cualquier persona de buena voluntad que piense con un mínimo de espíritu crítico, resulta asombroso el espectáculo cirquense de las festividades turístico-eclesiásticas, pero destaca entre todas esta llamada “semana santa”con su cortejo inacabable de imágenes sangrientas y dolorosas remedo de las procesiones paganas romanas, que como otros ritos igualmente paganos la Iglesia incorporó hasta hacer irreconocible al cristianismo.
Autoflagelaciones, penitencias dolorosas, fetichismo, y hasta expresiones obscenas dichas al paso de la imagen fetiche como supuesto requiebro fervoroso se mezclan estos días con el sabor de las vacaciones, la buena mesa y el buen vino,el “paquete turístico todo- incluido”, el día en la playa si hace bueno, y el no comer carne el viernes santo, por obediencia a la Iglesia,pero no por respeto a los animales, especialmente presentes estos días en los banquetes familiares o en las plazas de toros.Para ellos, los animales, las grandes celebraciones católícas se marcan con su sangre, igual que la tortura de Jesús es convertida en espectáculo sangriento.
La obsesión por la muerte y su afición a propagarla es un hecho en la historia de la Iglesia cuyos templos se muestran llenos de detalles belicistas y de infinitas cruces con el Cristo clavado y agonizante.Así se quiere hacer olvidar la resurrección, -idea central del cristianismo -y la redención. Se minimiza o se oculta el sentido de la venida de Cristo en el carpintero de Nazaret y lo que sucedió en el momento de su asesinato en la cruz. Pues no vino al mundo para ser inmolado, sino para ayudar a despertar a la humanidad dormida -como está hoy mismo-mostrando el camino de la liberación espiritual: el cumplimiento de los Diez Mandamientos y del Sermón de la Montaña. Esta es la enseñanza central del cristianismo que la Iglesia católica no asume, porque le es más cómodo aferrarse a los valores del ego humano y montar rituales y folclore pagano disfrazado de religión burlándose de Jesús al que se quiere presentar vencido.
Las jerarquías católicas no aclaran que la Redención no consiste en que Cristo perdonara sus pecados a la humanidad, sino que con sus palabras “Está consumado”, dichas en la cruz, una parte de Su propia energía espiritual penetró en todas las almas para que pudiéramos tener la fuerza suficiente para reconocer nuestros pecados, arrepentirnos, pedir perdón, perdonar, reparar y no volver a repetir algo igual o parecido. Con su fuerza redentora Cristo pudo impedir nuestra involución hasta disolvernos como energía en el éter original. Él nos asegura así que ningún alma se pierde, ni siquiera la de los demonios.Ahora Sus hijos adoptivos -los humanos y las almas en las estaciones intermedias que son los planos de purificación-podremos regresar a la Casa del Padre con Su ayuda, aunque esto nos lleve varias existencias o reencarnaciones.
Todas estas enseñanzas que Cristo predicó a sus apóstoles han sido silenciadas o despreciadas por la Iglesia, difundiendo en su lugar rituales como la misa, la “semana santa”, y otros con la idea central no de la resurreción, simbolizada por la cruz desnuda de la que tan poco gusta, sino de la muerte y el aniquilamiento físico de los Cristos sangrantes y muertos en la cruz simbolizando y celebrando una supuesta victoria de Sus enemigos sobre el Hijo del Hombre. Qué mas quisieran.
Potenciando el sentimiento de culpa, manteniendo la falsa idea de un Infierno eterno como castigo de Dios, al que se le niega su bondad y misericordia, no es de extrañar ver a tantas gentes asustadas y penitentes. A esta angustia se une la desinformación eclesiástica sobre el Más Allá, o la enseñanza de la reencarnación que Jesús enseñó y padres de la iglesia como el Obispo Orígenes predicaron hasta que fueron perseguidos por ello.
Enormes despropósitos, grandes lagunas de información, tremendas contradicciones, calculadas ambivalencias, y temerosa sumisión del creyente a una jerarquía autocrática,todo ello se traduce en sentimiento trágico de una existencia en la que el consuelo adopta dos direcciones: la exaltación de la materia y la buena vida, y el temor a un posible castigo por esos excesos, en una suerte de vaivén. De ahí los remordimientos posteriores y auto-castigos físicos que esta religión llega a provocar bajo el disfraz de cristiana al que ya va siendo hora que renuncie.Si quiere, que se llame católica, pero la máscara de cristiana, a la que no quiere renunciar poco a poco se le cae a pedazos entre pedófilos, apoyos a fascismos, justificación de la guerra, apego a las riquezas y muchas otras cosas. Cada vez está más próximo el día en que la gente dejará de acudir a estas celebraciones. De momento, los seminarios y conventos se van quedando vacíos.El declive ha comenzado, gracias a Dios.




























